La muerte de Natalia Bellome Boza, enfermera del Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA) “Abraham Piñeyro” de Junín, provocó una ola de indignación y dejó al descubierto fuertes cuestionamientos sobre el funcionamiento del principal centro de salud de esa región.
Según denunciaron familiares, compañeros de trabajo y allegados, la profesional de 45 años se descompensó mientras cumplía funciones dentro del propio hospital y, pese a la gravedad de su cuadro, no habría recibido la atención que requería. Las acusaciones apuntan directamente a demoras, falta de respuesta y serias deficiencias en la asistencia brindada.
De acuerdo con los testimonios difundidos tras el hecho, Natalia comenzó a sufrir un fuerte dolor en el pecho y adormecimiento en uno de sus brazos. Sin embargo, aseguran que las respuestas llegaron tarde en una situación donde cada minuto era determinante.
La tragedia genera aún más indignación por una razón imposible de ignorar: Natalia murió dentro del mismo hospital donde trabajaba diariamente cuidando la salud de otros vecinos. Para familiares y compañeros, resulta incomprensible que no haya podido recibir una atención adecuada en el lugar donde prestaba servicios.
Las denuncias conocidas en las últimas horas hablan de dificultades para acceder a una cama de terapia intensiva y de problemas en la atención de la emergencia. Finalmente, la enfermera sufrió un paro cardiorrespiratorio que terminó con su vida.
“Cuando la llevaron a la Guardia, el balón resucitador (Ambu) estaba pinchado y el laringoscopio no tenía pilas. La enfermera hizo un paro cardiorrespiratorio y falleció”, aseguraron testigos.
El caso provocó un profundo malestar entre trabajadores de la salud y sectores de la comunidad, que exigen explicaciones y respuestas por lo ocurrido. Mientras el dolor atraviesa a familiares, amigos y compañeros, crecen los reclamos para que se investigue qué sucedió y si existieron responsabilidades en una muerte que muchos consideran evitable.
Fuente: El Juninense







