Aproximadamente a las 8 de la mañana de este miércoles 9 de septiembre falleció el expiloto Ruben Marcelo Bulla. Tenía 75 años y desde el día anterior se encontraba internado en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Municipal de Arrecifes.
Para el mundo del automovilismo, Ruben, o El Loco, fue uno de los mejores corredores que haya dado la Cuna de Campeones. Pese a que consiguió varios títulos, no ganó más porque no quiso. Es raro decirlo de un piloto pero es así.
Si bien fue un amante de los fierros y con un talento especial para conducir autos de carrera, Bulla no hizo del automovilismo una profesión: corrió cuando quiso y por pasión.
Este enorme ser humano, un auténtico sabio de la vida, centró su existencia en otros aspectos: haciendo un culto de la amistad, de la solidaridad, de la familia. Sin ningún lugar a dudas (y lo ha hecho), Ruben Bulla cambiaba el compromiso de un fin de semana de carreras y un posible triunfo, por disfrutar de un asado, charlas, anécdotas y risas con amigos.
Siempre estuvo para quién lo necesitó, con inigualable generosidad. Siempre dio buenos consejos. Siempre vio mucho más allá que un ser humano normal.
Arrecifes y el mundo del automovilismo despiden a un tipo único, sobresaliente; a un maestro de la vida. Vivió como un grande y eligió irse como un grande (sí, lo eligió).
Hay muchísimo más para hablar de él y ya lo haremos. Merece el mejor de los recuerdos y la gratitud de todos quienes tuvimos la fortuna de disfrutar de su amistad.
“No lloren, ábranse un vino, pongan música y disfruten de la vida”, inequívocamente debe estar diciendo.
Nuestro enorme cariño y abrazo a su compañera Isabel, a sus hijas María y Cata, a toda su familia y a su millón de amigos.








