La situación de Granja Tres Arroyos ya es harto conocida en todas sus plantas de producción. Producto del desfalco que durante los últimos años perpetró la familia De Grazia, propietaria de la firma y embargada e inhibida por la Justicia, la situación terminó de explotar.
Lamentablemente los grandes perjudicados son los trabajadores y sus familias, también víctimas de extraños manejos del sindicato que dice representarlos y que se sostiene y lucra gracias a su esfuerzo.
Cerca de mil (o más) empleados de la planta de Capitán Sarmiento quedaron en la calle, abusados en su confianza y pese a haber aceptado condiciones de laburo cada vez más desventajosas con tal de que Granja no cierre. Igual, les mintieron, les quedaron debiendo tres meses de salario, aguinaldo y otros ingresos.
Hoy no saben cómo subsistir ni qué hacer. Es realmente dramático.
Además, esta triste realidad impacta fuertemente en toda la comunidad sarmientense, donde dejan de ingresar más de dos mil millones de pesos mensuales que circulaban por la ciudad, afectando gravemente a toda la economía local.
En menor medida, Arrecifes, San Antonio de Areco y Carmen de Areco también sufren una situación similar.
Entretanto, a los ya desesperados trabajadores los siguen manipulando y engañando con falsas promesas.
La conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires, se sabe que no se cumple ni se va a cumplir. Mientras se le ordenó a la empresa que reincorpore a los trabajadores y este jueves vuelvan a reunirse las partes, los telegramas de despido siguen llegando hasta hoy. Ya están todos emitidos y el Correo Argentino los va entregando según sus posibilidades.
Además, desde Capitán Sarmiento reportaron que hoy seguían retirando “cosas” de la planta, que ya luce en estado de abandono. No existe materia prima que les permita volver a trabajar y nada que producir, además de tener cortada la energía eléctrica.
Los mensajes son confusos para seguir estirando la situación de parte de la empresa, como que ayer volvió a trabajar el sector de subproductos. En realidad, los únicos que quedan son los administrativos en las oficinas de Buenos Aires.
Si la Justicia no les hace pagar a los propietarios de GTA el inmenso daño que causaron en tanta gente (aparte de los millones de dólares que deben en entidades financieras), penosamente esta crisis no tiene salida.








