El corazón de Ángeles Oroño, la arrecifeña de 18 años fallecida el jueves tras las irreversibles heridas cerebrales sufridas en un accidente en moto, fue trasplantado durante la noche del viernes a un paciente de la Fundación Favaloro, en la ciudad de Buenos Aires.
La ablación en Arrecifes se realizó en el marco de un amplio operativo sanitario que tuvo como escenario el aeródromo de Pergamino y permitió que otros órganos de la joven también fueran destinados a pacientes de la lista nacional de espera.
Los mismos cirujanos que habían participado de la ablación de los órganos de Ángeles en el Hospital Municipal de Arrecifes fueron los encargados de realizar el trasplante cardíaco, en una coordinación médica que exigió precisión y rapidez para cumplir con los tiempos establecidos.
El eficiente operativo sanitario
En el aeródromo de Pergamino se desplegó un dispositivo de logística aérea y sanitaria con la participación de profesionales del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI), especialistas de la Fundación Favaloro, equipos del sistema de emergencias bonaerense y profesionales del Hospital de Arrecifes
Desde el jueves se sucedieron distintos vuelos sanitarios que trasladaron a Pergamino (y desde allí por vía terrestre a Arrecifes) a los encargados de realizar los estudios preliminares, tomar muestras de sangre y establecer las compatibilidades necesarias con los pacientes que integraban la lista de espera prioritaria para recibir los órganos.
Esas evaluaciones previas resultaron fundamentales para determinar que Ángeles reunía las condiciones médicas para convertirse en donante y avanzar con el procedimiento. La coordinación entre los equipos médicos permitió organizar la distribución de los órganos y los traslados hacia los centros de trasplante correspondientes.
El corazón llegó a tiempo
Uno de los momentos de mayor exigencia logística se produjo durante la noche del viernes, cuando los profesionales de la Fundación Favaloro debieron regresar a Buenos Aires con el corazón de la joven arrecifeña para concretar el trasplante. Las condiciones climáticas para volar no eran las más adecuadas.
La intervención debía realizarse dentro de un margen de tiempo extremadamente acotado. Desde la ablación hasta el implante en el receptor, el corazón debía llegar al quirófano dentro de un plazo que no podía superar las cuatro horas, una condición determinante para preservar la viabilidad del órgano.
Finalmente, el traslado se concretó y los mismos profesionales que habían intervenido en la ablación en el marco del amplio y complejo operativo fueron quienes realizaron la cirugía de trasplante en la Fundación Favaloro.
El primer avión que despegó del aeródromo provincial trasladó el corazón de Ángeles, mientras que una segunda aeronave transportó otros órganos obtenidos durante el procedimiento de donación, destinados a pacientes que aguardaban una oportunidad de trasplante en distintos puntos del país.







