Marcos Di Palma no termina de congeniar con el bloque de Unidad Ciudadana de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires. O al menos, eso hace suponer el constante ruido que permanentemente genera su figura entre los representantes de La Cámpora, kirchneristas de paladar negro si los hay.
Desde su llegada a la Legislatura, allá por diciembre de 2015, la figura del ex piloto de TC generó cierta resistencia en los jóvenes camporistas, quienes le reprochan su estrecha relación personal con Daniel Scioli, el último candidato presidencial del propio kirchnerismo.
Pero Di Palma, que parece haber trasladado a la política toda su estirpe de provocador que mostró en el automovilismo, lejos de disciplinarse, continuó mostrándose con la personalidad que lo caracterizó durante toda su vida pública.
“Este pibe no entiende nada. Se piensa que llegó a la banca de diputado por su popularidad o por su apellido. Pero no entiende que él le debe todo al kirchnerismo y que fuera de nuestro espacio, no existe¨, se quejaba días atrás un representante de La Cámpora en off the record, desde su despacho en La Plata, horas después de que Di Palma expresase su “orgullo de ser peronista”, publicando en sus redes sociales una foto de su padre –el recordado Luis Di Palma-, junto al ex presidente Eduardo Duhalde.
Es que, como buen outsider, Marquitos le otorga a la ¨disciplina partidaria¨, un valor mucho menor que el que representa para la política tradicional. De allí que la última queja del camporismo, siempre en privado, explotó cuando el ex corredor hizo público en Radio Uno de Arrecifes su apoyo al intendente de su ciudad, Javier Olaeta (Cambiemos): ¨Los dos queremos lo mismo, lo mejor para Arrecifes; y cada uno desde su función trata de aportar lo que puede¨, dijo Di Palma días atrás en la radio local. El mismo diputado de La Cámpora confesó: “Es un pelotudo, no puede hablar bien de nadie de Cambiemos, por más que sea de su pueblo, su amigo o lo que sea”.
Parece que así como era en las pistas, Marquitos no conoce de disciplinas impuestas y maneja su carrera –política en este caso- como su intuición le va marcando. Y, también mostrando una continuidad, La Campora vuelve a mostrar la capacidad de desatar toda su furia contra alguien que ponga en crisis el modelo de conducción verticalista que, aún hoy lejos del poder, sigue reinando en su espacio político.
Fuente: Minuto Uno









