Ese viernes 20 de marzo, tras una dura lucha contra la leucemia que había deteriorado su salud, falleció Ernesto Cherquis Bialo, un símbolo del periodismo argentino, de los más destacados, capaces y versátiles de la era contemporánea. Tenía 85 años de edad.
Cherquis, además, fue vocero de la Asociación del Fútbol Argentino durante la presidencia de Julio Humberto Grondona.
Respetado por todo el ambiente, se caracterizó por la generosidad hacia sus colegas, sin distinciones, y por el respeto hacia los protagonistas del deporte, que cubrió tanto en boxeo como en fútbol, fundamentalmente.
De larga trayectoria en radio, TV y 30 años en la revista El Grafíco (ocho como director), Ernesto Cherquis Bialo dijo adiós. El maestro del periodismo falleció meses después de sobreponerse a una de las batallas más difíciles de su vida cuando fue internado en el hospital Alemán de Buenos Aires por un broncoespasmo que derivó en una neumonía bilateral.
Al sobreponerse a aquella última batalla, Bialo decidió contar su experiencia en una transmisión por el canal de stream AZZ, donde trabajó antes de la internación y desde donde ofreció un testimonio sobre su enfermedad y recuperación: “Para mí no solo resulta reivindicatorio, sino que me permite pasar de un estado de haber sido a un estado de estar siendo. Yo tuve un enfriamiento que se convirtió en un broncoespasmo, que se transformó en una pulmonía y que terminó con una neumonía bilateral. La neumonía bilateral me produjo la falta absoluta de defensas y la falta absoluta de defensas dejó, hizo que dejara de funcionar mi médula”, comenzó diciendo mirando a cámara.
Luego, el comunicador relató con crudeza el principal problema que comenzó a afectar su salud: “Y cuando mi médula dejó de funcionar, el organismo reaccionó con una leucemia. A la altura del mes de julio, la médica que me atiende, una eminencia, tomó mis manos en un lateral de la cama del sanatorio del Hospital Alemán y me dijo: ‘No tengo buenas noticias. La médula no funciona. Haga lo que tenga que hacer. Despídase de quien se tenga que despedir. Firme los papeles que tiene que firmar. Esto es muy difícil de poder reivindicarlo’.
Continuando con aquel duro recuerdo, Cherquis reveló el momento en el que su salud dio un giro de 180° y se impuso ante las dificultades: “A las cuarenta y ocho horas, por esos milagros que no resultan explicables, desde la razonabilidad, cada uno tendrá su fe, la misma doctora que trabajaba con antibiótico, con diurético, con antiinflamatorio, todo el tiempo, yo con los brazos extendidos y con vías que de manera intravenosa me iban inyectando cosas durante veinticuatro horas por día, volvió a la misma habitación, volvió con su mismo equipo, con su risa, me tomó las manos y me dijo: ‘Su médula comenzó a funcionar. Ahora tenemos que luchar para que siga funcionando’”.
Fue entonces cuando el periodista pronunció las palabras que inmortalizarían su espíritu de lucha: “En este momento estoy saliendo al aire, si eso no me motiva, si luché hasta la última campanada, piña va, piña viene, cada gancho de izquierda y, sin embargo, contra las cuerdas, banqué. Estamos frente a un cambio de aire. Ahora, el que tiene la pelea con grandes posibilidades de dar la vuelta soy yo”.








