Hoy, 30 de septiembre, se cumplen 14 años del fallecimiento del ídolo más grande que haya dado Arrecifes en su historia. Ese día del año 2000, Rubén Luis Di Palma sufría un accidente al caerse su helicóptero en Carlos Tejedor, cuando volvía desde Santa Rosa a nuestra ciudad luego de asistir a su hijo Marcos en Top Race. Tenía sólo 55 años.
El Loco fue uno de los mejores pilotos de la Argentina, un precursor, un elegido, un “distinto”. Un corredor respetado y admirado por todos, que excedió el fanatismo de las marcas. Dueño de un talento inigualable en las pistas y de una enorme sabiduría fuera de ellas, marcó un camino y forjó una leyenda que hoy continúan sus hijos y nietos.
“Luis Di Palma, material resistente al olvido”, escribió alguien alguna vez. Nada más cierto. El recuerdo de este artesano del automovilismo, uno de los últimos pilotos-preparadores, sigue vigente.









